Imaginemos un grupo de alumnos alérgicos a la celulosa.
O un grupo de alumnos analfabetos en su propia lengua.
O un lugar de trabajo en el que nos restringen hasta el ridículo el número de fotocopias.
Imaginemos que las circunstancias de trabajo nos obligan a buscar recursos alternativos al papel.
Poco a poco iríamos admitiendo que todo aquello de lo que vamos sirviéndonos resulta
sorprendentemente productivo en el aprendizaje.
No marginemos por tanto a los que no son alérgicos a la celulosa y tratémoslos como si lo fueran.
Saldremos ganando nosotros, los estudiantes y la Selva Amazónica.

¿Qué te recuerda?

Basado en En acción 2, libro del alumno, pág. 45

Contenidos: Expresar recuerdos de la cotidianeidad de otro momento de su vida. (Uno de los usos más fáciles del pretérito imperfecto y normalmente el primero que enseñamos)

Desarrollo: Para retrotraer a nuestros alumnos a las imágenes de su infancia, mucho mejor que un texto de Ana María Matute (o cualquier otro escritor) son estímulos táctiles, olfativos, sonoros, sabores, etc. Todos sabemos lo directamente que activan nuestra memoria los olores, por ejemplo. Usémoslos en clase, por qué no.
Puede llevarlos el profe, no es tan difícil: café, chuches, un juguetito infantil con música, un bañador que huele a cloro de piscina,... Cada contexto cultural tendrá sus trucos. Pero mucho mejor si se les propone a ellos que aporten el material y que cada uno traiga a clase al día siguiente un olor, sabor, sonido o tacto que relacione con su infancia.

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