Imaginemos un grupo de alumnos alérgicos a la celulosa.
O un grupo de alumnos analfabetos en su propia lengua.
O un lugar de trabajo en el que nos restringen hasta el ridículo el número de fotocopias.
Imaginemos que las circunstancias de trabajo nos obligan a buscar recursos alternativos al papel.
Poco a poco iríamos admitiendo que todo aquello de lo que vamos sirviéndonos resulta
sorprendentemente productivo en el aprendizaje.
No marginemos por tanto a los que no son alérgicos a la celulosa y tratémoslos como si lo fueran.
Saldremos ganando nosotros, los estudiantes y la Selva Amazónica.

Cómo sería sin fuera...

Contenidos: Práctica formal de las condicionales irreales.

Desarrollo: (Éste es otro juego reciclado de los que jugábamos con la pandi cuando ya éramos más mayorcitos). Se necesita un grupo de 8 o 10 personas que se conozca bastante, aunque sea del aula, pero que lleven juntos más de un semestre. Una persona sale del aula y el resto deciden de qué miembro del grupo se va a tratar. El que ha salido vuelve y debe adivinar de qué persona se trata. Para ello sólo puede hacer preguntas del tipo “¿cómo sería si fuera una casa?”, “si fuera un animal, qué animal sería?”, etc. Todos los miembros del grupo deben responder, incluido el interfecto, por aquello de disimular.

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